El Rincón del VoX busca ser...

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viernes, 28 de marzo de 2008

De compras...



Un hombre y una mujer pueden ir juntos a muchos sitios, pueden ir juntos al cine, pueden ir juntos a la playa, pueden ir juntos al Sáhara o a Soriana, hasta pueden irse juntos a la cama.

Pero a donde jamás, jamás, jamás deben ir juntos es… de compras.

No.

En eso somos incompatibles.

Yo, porque no las aguanto y Ellas, porque dicen que la estreso. ¡Qué las estreso!

De entrada, te engañan:

-Cariño, vamos, no nos vamos a tardar…

Y te avientas seis horas de compras.

Luego, te asusta: vas con ella por el Centro Comercial y de repente…¡Abducción! ¿Dónde está? Miras a un lado y a otro…¡Ha desaparecido! Cuando la encuentras está como Spiderman, pegada a un escaparate:

-Pero mira qué suéter…

Los hombres somos diferentes. Nos interesan las cosas prácticas, útiles, realmente indispensables. Yo que sé: asaditos, llantas nuevas para el coche, una caja de herramientas con setenta y tres tipos de desarmadores, ¡una podadora! Sí, cabrón, no tengo jardín, ¿y qué? ¡Es tan bonita! Me la llevaría a casa para pasarlo por la alfombra: “Ueeeeeeeeggg…Ueeeeeeegggg”.

Pero ellas no nos entienden:

- ¿Qué miras? Te paras en unos sitios… Y no nos entienden porque las mujeres van de compras, y los hombres vamos a comprar. Y no es lo mismo.

Comprar es:

“Deme usted dos clavos del seis”.

E ir de compras es:

“Sólo tengo siete horas para las trescientas treinta y nueve tiendas de este centro comercial y tengo que verlas todas” ¡Y luego soy yo el que las estreso!

Una mujer puede estar toda una tarde de compras sabiendo de antemano que no va a comprar nada. Entra en la boutique y dice:

-Quiero probarme ese vestido, ése y ése.

Y ya de camino al probador va lanzando mensajitos:

-Lo veo un poco pequeño de arriba, y éste me va a hacer bolsas…

La que atiende se percata de que va de farol, y pone cara de odio. Pero a ella le da igual, y se prueba media tienda. A la hora y media, sale dejándoles todo como si hubiesen entrado los bomberos, y nada más pisa la calle comenta:

-Nunca compro en este sitio por lo mamonas que son las empleaduchas estas…

Un hombre jamás hace eso. En cuanto te pruebas tres cosas, te sientes culpable; el que te esta atendiendo también lo sabe, y se aprovecha de ti:

- Sí, sí, la chamarra me gusta, pero es que creo que le quedaría a Pavarotti.
- ¿Que se la ve grande? No, hombre, grande no, es amplia, pero es su talla… usted es que es ancho de hombros, se nota que hace pesas, ¿eh?
- ¿Quién yo?
- ¿No? ¡Quién lo diría! Cruce así los brazos, ¿a que no le aprieta? ¡porque es su talla!
- ¿Y una tallita menos?
- No, sólo me queda esa talla, voy a tener más la próxima semana, pero le quedaría pequeña… Y con esa chamarra lo que le quedría perfecto es cualquiera de estas dos camisas, llévese las dos, y esta corbata que le hace juego con los botones…

Si el compa éste es hábil te puede vender hasta tres chamarras: una negra, una azul y una fucsia, por si vas a Miami.

Cuando un hombre va a comprar, lo que quiere es acabar pronto:

- Deme usted unos zapatos.
- ¿Color?
- Negros.
- ¿Número?
- Nueve y medio.

Ya está. Una mujer no. Si encontrara los zapatos en la primera tienda, se le estropearía la tarde.

Disfruta buscando:

- Quiero un zapato cruzadito destalonado, tacón cubano, rojo, pero muy rojo, con reflejos anaranjados…

¡Toma, búscalos!

De compras con una mujer, te conviertes en el hombre objeto.

Concretamente, en perchero: en la puerta del probador, sosteniéndole la bolsa y el abrigo, sueter, o chamarra, cargado con cuatro conjuntitos y unos 15 kilos más en ropita.

Ella se asoma y dice:

- Cariño, dile que te de una tallita más, y que si lo tiene en azul.

Pero eso no es lo peor de los probadores. Lo peor es saberte rodeado de mujeres desnudas de las que sólo te separa una cortina minúscula que se mueve continuamente.

¿Pa dónde diablos miras para no parecer un guarro?

¡A las cortinas no! ¡A la dependienta tampoco! Te haces el aburrido. ¿Que está Claudia Schiffer en bolas en el probador de al lado? ¡Y a mí qué! A mí lo que me pone es el fluorescente del techo.

Cuando los que nos probamos la ropa somos nosotros, peor:

- Te vas a probar éste y éste, y aquél, y si lo tienen en rojo, también.

Y se pasa el rato descorriendo la cortina del probador para que todo Dios te vea en calzones. O te mete a la dependienta dentro y te miran ambas como forenses en una autopsia.

- Si es que como no tiene cintura y ha sacado el culo plano de su padre… Siempre es un problema para encontrarle ropa. NECESITA AYUDA ¡Y yo las estreso! ¡Yo! Y después de comprar, ¿quedan satisfechas? ¡No! Se siguen parando en todos los escaparates:

- Mira estos zapatos con tacón bajito, y más baratos, no me tenía que haber comprado los otros, pero como tú me metes estas prisas, a ver que otro día se me ocurre la grandiosa idea de que me acompañes…

Una película se acaba, los viajes al Sahara o al Soriana, también…

Pero si quieren ustedes saber lo que es la eternidad, no tienen más que ir de compras con una mujer.

Ahora si, que yo no se lo recomiendo.

Que conste...

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